Cómo estructuré la expansión de BRUZÚ a Perú como una decisión de proyecto — hipótesis antes que datos, riesgo antes que ilusión, y disposición a aceptar un "no todavía".
Fundé BRUZÚ en 2020 como una marca de cosmética botánica premium con activos amazónicos. Con el tiempo dejó de ser solo un producto: se convirtió en el lugar donde aplico, con mi propio dinero en juego, lo que estudio en la maestría en Gerencia Integral de Proyectos.
Construí un catálogo de más de 30 productos en 7 líneas sobre cinco ingredientes ancla, con cumplimiento regulatorio INVIMA, una cadena de valor sostenible y cuatro canales de venta operando en paralelo. Cada decisión de expansión es, en la práctica, una decisión de alcance, recursos, riesgo y timing.
En 2025 apareció la pregunta grande: ¿tiene sentido llevar BRUZÚ al mercado peruano? Y ahí decidí no responderla como fundadora, sino como gestora de proyectos.
La mayoría de metodologías de validación de mercado asumen que hay datos secundarios confiables. En un mercado emergente, esa premisa a menudo no se cumple. Al investigar Perú desde Bogotá encontré cifras agregadas de cosmética natural, pero muy poca información por categoría o canal; estudios de distribución sin metodología clara para juzgar su calidad; y fuentes que se citaban entre sí hasta perder el rastro del origen.
El problema real no era la falta de información. Era que los datos disponibles respondían preguntas de inversión, no de decisiones operativas. Necesitaba una base para decidir, no para pitchear.
Confiar en las cifras agregadas, asumir que el vacío en el anaquel es oportunidad, y lanzar para "probar suerte".
Tratar el viaje como un proyecto con hipótesis definidas, criterios de muestreo explícitos, sesgos documentados y un análisis de riesgo honesto antes de recolectar un solo dato.
Estructuré la validación como estructuraría cualquier proyecto: definiendo qué haría que la respuesta fuera confiable, no solo favorable.
Cada una es una hipótesis, no una conclusión — y esa distinción es justamente el punto del método.
Este no es un caso sobre cosmética. Es sobre cómo tomo decisiones cuando la información es incompleta, el presupuesto es limitado y las consecuencias son reales — que es exactamente la condición de casi todo proyecto que vale la pena gestionar.
Definir criterios de aceptación antes de empezar. Separar hipótesis de conclusiones. Hacer análisis de riesgo que incomoda en vez del que tranquiliza. Y cerrar con un veredicto basado en evidencia, no en el resultado que uno quería. Esa es la competencia que trae valor a un equipo, tenga o no que ver con el anaquel de una farmacia en Lima.
Si tu organización necesita a alguien que conecte rigor técnico, ejecución operativa y criterio para decidir bajo incertidumbre, hablemos.
Escríbeme →